Retama de olor, gayomba - Spartium junceum

 

   Como sucede con otras muchas plantas, se trata de un arbusto de origen mediterráneo que se ha introducido como ornamental y que en algunas zonas ha conseguido adaptarse al clima y naturalizarse, especialmente en lugares cercanos a la costa asturiana.



   Le encanta los espacios muy soleados, y sobrevive en suelos arenosos y drenados. También aparece en terrenos alterados, zonas de cultivo abandonadas, cunetas de caminos y carreteras, matorrales,….. 



   Se trata de una especie que pertenece a la familia de las leguminosas y es reconocida por sus vigorosas y olorosas flores de color amarillo dorado y sus distintivos tallos verdes, largos y flexibles, parecidos a los de los juncos.



   En Asturias, al tratarse de un entorno más húmedo y atlántico que su área de distribución natural, suele brotar de manera muy intensa y sus peculiares ramas verdes y cilíndricas, contrastan intensamente con su espectacular floración amarilla en primavera y verano. 



   Su capacidad de realizar la fotosíntesis a través de estos mencionados tallos, los cuales crecen erectos y muy ramificados alcanzando los 2-3 metros de altura, le permite prescindir casi por completo de las hojas. 



   Ciertamente no son muy abundantes y poseen una forma estrecha o lanceolada. Son pequeñas y caen rápidamente, por lo que la planta permanece prácticamente desprovista de follaje durante casi todo el año.



  Su estructura floral es similar a la de otras leguminosas, con 5 pétalos desiguales. Las flores son grandes, de 2 cm o más de largo, de color amarillo intenso, olorosas, y se disponen en racimos al final de las ramas.



   La corola es amariposada, con un pétalo mayor que el resto denominado estandarte, más ancho y rematado en un pico; la quilla es casi tan larga como el estandarte y termina en un pico algo curvo. Parece una vela al viento.



   Al finalizar la floración producen vainas aplanadas de hasta 7cm de largo, peludas y de color verde al principio y marrón oscuro al final, con los bordes gruesos y paralelos, que contienen entre 10 y 18 semillas ovoides de color café rojizo. 



   Todas las partes de la planta son tóxicas si se ingieren, tanto para el ganado como para los humanos, pues contiene citisina, un alcaloide que puede provocar vómitos intensos y malestar gastrointestinal. 



   En otras zonas mediterráneas con clima templado es muy valorada como planta ornamental para jardines con bajo consumo de agua, prospera en espacios áridos y descuidados, y no necesita especial atención una vez establecida. También se utiliza para controlar la erosión y como estabilizadora de taludes, pero puede volverse altamente invasora fuera de su hábitat natural.



Tejo, texu, teixo, teixeiro - Taxus baccata

 

   El tejo o texu es realmente un árbol poderoso y longevo, puede llegar a vivir todo un milenio. Además de ser un árbol protegido y sagrado dentro de la mitología asturiana, posee mucha presencia y ocupa realmente un lugar privilegiado en los lugares donde se deja ver.


   Al tener una vida tan dilatada, algunos dicen interminable, se conservan muchas historias, cuentos y leyendas sobre su existencia. Se cuenta que fue sagrado para los celtas y germanos, y con la llegada del cristianismo no cambió su especial sentido religioso pues fue plantado con frecuencia al lado de iglesias y cementerios.



   Es cierto que nuestro entrañable ´texu` es particularmente singular y algo misterioso, suele acomodarse en diferentes tipos de bosques de las zonas colinas y de monte, viviendo aislado de otros de su misma especie. Le gusta crecer en soledad, rodeado de riscos y empapado de agua.


   También le gusta ubicarse en foces, desfiladeros y escarpes rocosos, bien sujeto a las rocas y en terrenos pedregosos. No evita los ambientes frescos y sombríos. En escasas situaciones puede originar bosques propios, llamados tejedas o tejedales, siempre en suelos calizos, mediana altitud y abundantes lluvias. Podemos localizar algunas en la Sierra del Aramo, Muniellos o en el Sueve.



   Sus raíces son capaces de encontrar cualquier hueco o rendija en las rocas para lograr los nutrientes necesarios, realmente presenta un enraizamiento admirable, a veces increíble. La mitología nos cuenta que “las raíces del tejo son muy finas para crecer a través de los ojos de los muertos y así no puedan ver el camino de regreso al mundo de los vivos”.


   El tronco del tejo no expresa sus años, es fuerte, grueso, estriado, con corteza fina pardo rojiza o grisácea, que poco a poco con el paso del tiempo, se vuelve escamosa. Genera numerosas ramas, extendidas, bastante horizontales y muy abiertas, colgantes en la terminación.



   Sus hojas son acículas perennes, alargadas, aplanadas, suaves y no punzantes, de color verde oscuro brillante por el haz y algo más pálida por el envés, y se disponen en dos filas opuestas sobre las ramas. Pueden permanecer hasta 8 años en el árbol.



   A pesar de su pesado follaje los tejos también florecen, lo hacen al final del invierno y principios de la primavera, es un árbol dioico lo que quiere decir que las flores femeninas y masculinas están en árboles distintos. 



   Las masculinas con numerosos estambres y llamativos globitos amarillos, parecen pequeños sacos que brotan en las axilas de las hojas. Suelen abrirse a partir de febrero, soltando enormes cantidades de polen para que el viento se encargue de dispersarlo.



   El objetivo es alcanzar a los árboles con flores femeninas, por cierto muy discretas y más difíciles de diferenciar. En estos árboles los frutos aparecen durante el otoño, formando unos arilos carnosos y rojizos muy vistosos. 


   Todas las partes del tejo poseen una extrema toxicidad, es decir ramas, hojas, raíces, semillas, a excepción del arilo encarnado y carnoso del fruto, pero mucho cuidado pues si se tragan con ellos las semillas se producen peligrosas intoxicaciones, que pueden ser mortales. Contienen un potente veneno, la taxina.


   Se dice que es uno de los árboles sagrados de la mitología asturiana pues representa el vínculo del pueblo con la tierra, con la religión antigua y con los antepasados. Posiblemente su larga vida sea el origen de numerosas creencias, alegorías y dichos. Ciertamente poco se sabe, pero todavía siguen vivas ya que en toda la región se mantiene la costumbre de ´adornar` edificios particulares, ermitas, cementerios e iglesias con un ´texu`.


   Su madera siempre ha sido muy apreciada en ebanistería, desde tiempos ancestrales, especialmente por su dureza y elasticidad, pero en la actualidad el tejo es especie protegida por lo que no se puede ni tocar. Algunos ejemplares ya han sido declarados Monumentos Naturales.